Vivir sin filosofar es, propiamente, tener los ojos cerrados, sin tratar de abrirlos jamás.
René Descartes (1596-1650), filósofo y matemático francés.

viernes, 4 de noviembre de 2011

2. ORIGEN DE LA FILOSOFÍA: EL ASOMBRO Y EL DESEO DE SABER

El término Filosofía significa “amor a la sabiduría”. La palabra se atribuye a Pitágoras, quien al ser preguntado por su profesión dijo que él no era un sabio (sophós), sino un amante de la sabiduría (filo-sophós).
El amor a la sabiduría exige el reconocimiento de la propia ignorancia, como decía Sócrates (“Sólo sé que no sé nada”), puesto que quien piensa que ya sabe no busca el saber, ya no lo investiga.
Platón dice que lo propio del que ama es buscar lo que ama, por eso la Filosofía es deseo de saber.
Aristóteles afirma que la Filosofía nace con la admiración, que es el asombro de la realidad que nos lleva a preguntarnos el porqué de las cosas.
            Los primero filósofos se admiraron del orden de la naturaleza, tras comprobar que existía una ley que rige el universo.
            La Filosofía no es un saber práctico, sino teórico. Eso significa que la Filosofía no persigue ninguna utilidad, sino que busca el saber con vistas del conocimiento. Que la Filosofía es un saber teórico lo demuestra el hecho de que cuando nació la Filosofía, ya se habían inventado los principales saberes prácticos. Como la Filosofía no está al servicio de ninguna utilidad práctica, Aristóteles dice que “es la única ciencia libre” y, por eso, es también, “la ciencia mejor”.
            Una condición necesaria para que surja la Filosofía es el ocio. El ocio no es solamente tiempo libre, sino, sobre todo, despreocupación por la utilidad inmediata de las cosas. El saber teórico no se pregunta “para qué sirven las cosas”, sino “por qué” son así. El que está demasiado preocupado por lo inmediato no es capaz de admirarse ni de reconocer su ignorancia, ni de buscar el saber por el saber.

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